Los pañuelos verdes levantarán otros pañuelos

Actualidad 12 de agosto de 2018 Por
Lo sucedido entre el miércoles y el jueves en el Recinto del Honorable Senado de la Nación evidencia para el ciudadano quiénes fueron elegidos como representantes legislativos. Posturas que muestran pensamientos prehistóricos en algunos y con mucho desconocimiento de la realidad social, en otros. No obstante eso, los proyectos trascendentales como la despenalización del aborto generan la posibilidad al ciudadano de mirar a la cara al senador que voto, caso contrario, con los proyectos de menor repercusión social, no se detendría a saber cómo piensan.
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Creo que indudablemente este proyecto de ley paralizó a la sociedad y puso la mirada de todos en las cámaras legislativas, fue un sacudón que ayuda a replantearnos cómo sociedad que país queremos. Para dónde vamos como sociedad. Esa es una cuestión en la que la mayoría de las veces pareciera que los legisladores están varios pasos detrás del pueblo, de las vivencias cotidianas, de las penurias y falencias.

La ola verde sopló fuerte fuera del congreso y en todas las ciudades del interior, incluida en la nuestra hubo manifestaciones a favor y en contra de la despenalización. Sin embargo, no hay duda que la ola verde no gano en el Congreso, pero gano en las calles. Como un joven adolescente me dijo el domingo en Carlos Beguerie: “los pañuelos verdes ya ganaron”.

La frase de este adolescente no es vacía. Los pañuelos verdes le hicieron frente a la clandestinidad histórica de los pueblos. El secreto mejor guardado, ahí donde las mujeres van a abortar, clandestino porque lo oculta el policía, el comisario, el dirigente, el juez, el fiscal, ahí porque la mujer teme denunciar y porque es ahí, a dónde llega desbordada, sin salida, sin respuestas.

La despenalización del aborto es atacada por otra impunidad, la del discurso que te señala como asesino. Todos quieren salvar las dos vidas. Lógicamente. Lo que no significa que el Estado no deba poner el ojo, la mirada, en lo que se hace clandestinamente. Por qué la mujer llega ahí, porque no tiene a dónde ir. No tiene cómo afrontar una situación traumática, nada sencilla que desborda su vida. Y el Estado estuvo y seguirá estando ausente ante esta problemática. ¿Por qué una mujer aborta? No lo vamos a saber, porque desde la clandestinidad no se pueden plantear políticas públicas para afrontarlo.
El aborto es clandestino y además, excluyente. Quién menos recursos tiene, peor la pasa. Como ocurre siempre.

La ola verde evidenció a las millones de personas que luchan por la despenalización del aborto. Por poner a la mujer en igualdad de condiciones, porque los derechos de las mujeres en diversos órdenes de la vida social, siguen siendo pisoteados por una sociedad patriarcal.

No es sólo la defensa por su cuerpo, sino en defensa de situaciones permanentes que atraviesa. Las jóvenes en Roque Pérez plantearon que sufren persecuciones en horas de la madrugada o en el día mismo, que son acosadas en locales nocturnos, que son acosadas verbalmente desde patrulleros y no lo dijeron en un lugar cerrado, lo plantearon en una carta en el Concejo Deliberante, lo escucharon las autoridades, lo publicaron en los medios. Sin embargo aún, nadie manifestó una respuesta.

La ola verde, el pañuelo en mano, levantará otros pañuelos. Pañuelos de otros colores que restan y nos llevan al pasado, que atrasan, que muestran que como sociedad falta madurar, principalmente, falta reconocer los problemas que los atraviesan y empezar a trabajar en ellos.

Qué tenemos que hacer como sociedad: abrir camino, escuchar, estudiar, analizar las problemáticas y evidenciar qué se hace mal. Los senadores no pueden archivar este proyecto, hay que exigirles que busquen una respuesta por las miles de mujeres que mueren por la práctica ilegal del aborto. Exigirles políticas públicas para prevenir que lleguen a la clandestinidad. Exigir que la justicia juzgue a los delincuentes que practican abortos. Que la policía y las autoridades de cada pueblo, dejen de mirar para otro lado.
Empecemos por las comunidades más chicas, empecemos por nuestra ciudad, acompañemos a las mujeres, evidenciemos con denuncias las prácticas ilegales.

Eduquemos desde las escuelas a los jóvenes a cuidarse, mujeres y hombres. Esta es un problema de todos y mientras miremos para otro lado, no habrá prevención que alcance. (Editorial Semanario impreso)