A los trabajadores y familias de Criave

Actualidad 13 de julio de 2018 Por
Instrucciones para elegir en un picado - Por Alejandro Dolina.
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Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quienes integrarán los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentarán en un sorteo ó pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a sus futuros compañeros. Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida.


Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan ó lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada. Manuel Mandeb que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber que sutilezas de orden técnico, que le hacía preferir compañeros que reunían ciertas cualidades. Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces. El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños ó los indeseables”.

Estos son días intensos.  Ayer a la mañana, cerrando la edición impresa del semanario de esta semana pensaba cómo escribirle a los trabajadores de Criave, y mágicamente llegó el mensaje del Doctor Rebon, charlamos sobre lo que paso estos días, las idas y vueltas, del oportunismo de algunos, de la lealtad de otros, de que cada uno sabe en qué lugar del juego esta. Y me sugirió esta maravillosa lectura del gran Alejandro Dolina. Y recayó fuertemente la frase que dice “uno juega mejor con sus amigos”. Y pensé con angustia, en cómo están jugando este duro partido los trabajadores.

Por un lado, sostener con hombría la falta de dinero. La ausencia del trabajo. Qué hacer con las horas que sobran y qué decir sobre lo que ahora les falta. Los ojos con lágrimas, las palabras atragantadas en la garganta. No poder hablar. No saber qué decir.

Enfrentan algunos la lucha de cocinar para todos, horas y horas, para obtener una leve sonrisa cuando sus amigos se llevan el plato de comida. Pensé en lo gratificante de lo impensado meses atrás.
Este partido de tratar de entender a juez, a un síndico y no perder por goleada frente a los empresarios que los traicionaron, que desconsiderados, faltos de integridad moral y dignidad, dan vueltas por la empresa escondidos tras el rostro de otros.

Son días especiales, son días en los que todos tratamos de hacer algo por el bien del otro. Son días en los que nos duele cuando percibimos jugadas sucias y queremos sutilmente decirle: ese no es el camino. Escuchemos a los serios.

El partido sigue, se viene – supongo- el tiempo suplementario, en un empate que define el triunfo final. Es agotador, no queda energía, pero hay que dar batalla. Respirar, ver que el partido se está jugando entre amigos, con los que cada día pusieron el hombro para salir adelante en sus vidas, para vivir sus vidas. Son tiempos decisivos, para pensar cómo seguir, para elegir el mejor camino, para ganar al destino. Somos muchos los que estamos con ustedes y seguiremos estando en el banco de suplentes.